Tuesday, February 18, 2014

Coincidencias entre Mejico y Venezuela en materia de crecimiento, ¿son solo casualidades?

Por qué México crece lo que puede y no lo que debe?

Desde los ochenta el desarrollo económico de México ha sido mediocre e inercial. En promedio, la tasa anual de crecimiento entre 1982 y 2010 fue 2.2%. Aunque se prevé que en 2011 podría crecer alrededor de 5% con ello sólo se volverá a los niveles de 2008 después de la estrepitosa caída de 6.1% del PIB en 2009.
En las últimas tres décadas el desempeño de la economía mexicana ha dependido del exterior; es decir, de la exportación –sobre todo de manufactura y maquila–, la inversión extranjera, el petróleo, las remesas y el turismo. La crisis desatada en 2008 demostró la grave vulnerabilidad de la economía mexicana a factores externos sobre los que tiene poco o ningún control. Asimismo, los efectos para el sector productivo nacional y el empleo obligan a plantear nuevamente la pregunta ¿cómo llevamos a México a la ruta del crecimiento que el país requiere?
El país ha trabajado para lograr la estabilidad macroeconómica, pero no el crecimiento. México realizó las reformas hacia afuera aunque la agenda de reformas internas ha quedado trunca. Mover intereses y eliminar privilegios demuestra ser una labor titánica. La economía mexicana vive y opera con las estructuras corporativas que sustentaron el modelo de sustitución de importaciones, afianzadas en privilegios, prebendas y prácticas rentistas muy alejadas de la idea de competencia y modernización que supone una economía abierta. Existe un desfase absoluto entre las reglas del juego que tienen que ver con el mercado externo –motor del crecimiento– y aquéllas para el interno, que siguen manteniendo privilegios a costa del crecimiento de la economía nacional.
Ya está visto que para crecer más, México requiere impulsar su mercado, lo que no se hace por decreto sino creando las condiciones propicias para promover inversiones productivas que generen nuevos negocios, empleos bien remunerados y mayor consumo interno. Ello requiere avanzar en una agenda de reformas pendientes en una diversidad de áreas desde la fiscal y energética hasta la laboral y política. Pero mientras la clase política está enfrascada en cuidar su futuro electoral y las reformas siguen en el tintero, la pregunta es ¿qué hacemos? Ante el impasse legislativo la única vía es la acción.
En primer lugar es urgente "democratizar" el mercado interno a través de una mayor competencia. México necesita promover verdaderas condiciones de mercado en el sector servicios para contribuir a detonar el crecimiento y equiparar la competencia que los productores industriales o agrícolas han enfrentado desde el exterior vía la apertura. La nación padece de monopolios públicos, privados, laborales, políticos, educativos que son un pesado lastre para su economía. México tiene servicios malos y caros en áreas como la banca, las telecomunicaciones, el transporte (en todas sus modalidades), la energía o la educación, por mencionar algunos, todos ellos vitales para la operación eficiente y competitiva de las empresas. Además, el país cuenta con un regulador débil cuya tarea titánica apenas puede cumplir. Urge entrar al mundo de la competencia en donde las reglas propicien las condiciones para ofrecer servicios en calidad y precios competitivos. Apliquemos la Ley Federal de Competencia Económica con todo rigor, permitamos la entrada de nuevos jugadores y exijamos a la Procuraduría Federal del Consumidor mayor efectividad y eficiencia en la defensa del consumidor individual o colectivo, grande o pequeño.
En segundo lugar, urge incrementar el acceso al crédito para detonar actividades productivas. El limitado flujo de recurso bancario a las empresas se ha constituido en uno de los principales obstáculos para el crecimiento económico del país. El financiamiento en México es escaso y caro, y en la mayoría de los casos se ofrece mediante cortos plazos de amortización. El sector financiero local salió bien librado de la caída de Wall Street en 2008 resultado, entre otras cosas, del limitado nivel de penetración de la banca. En México, sólo 11% de las empresas cuenta con alguna línea de crédito, mientras que en Brasil el porcentaje es de 65% y en Perú de 70%. El crédito a las Pymes se encuentra estancado desde hace una década. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, en los dos últimos años sólo 8.7% de las nuevas empresas obtuvo préstamos de instituciones bancarias. En 2010, el financiamiento total de la banca comercial al sector privado fue de 14.6% del PIB, muy lejos del 35.1% que significó en 1994. Desde el Ejecutivo se pueden impulsar diferentes alternativas de verdadero acceso al crédito para la población en general y el sector productivo, en particular, en condiciones competitivas.
En tercer lugar, urge implementar una política de desarrollo a largo plazo bien definida y orientada a fortalecer la producción nacional. México ha garantizado condiciones macroeconómicas estables, condición necesaria pero insuficiente para crecer y menos para desarrollar el país y reducir desigualdades. La secretaria general de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Alicia Bárcena, nos recuerda que para el crecimiento y el desarrollo se requiere la "planificación estratégica de políticas de largo plazo" así como el diseño de instrumentos adecuados que afronten los desafíos estructurales. Ya se ha demostrado la ineficacia de programas de gobierno que apoyan a las Pymes de manera individual. El análisis de la cuenta pública 2009 de la Auditoría Superior de la Federación mostró que de las 5.14 millones de unidades productivas en el país en ese año, sólo 10,782 (0.2%) recibieron recursos del Fondo Pyme de la SE, creando sólo 281 nuevos empleos formales. La idea no es apoyar de manera individual a cada empresa, nunca terminaríamos. Para crecer hay que priorizar sectores con perspectivas competitivas y efectos multiplicadores como el aeronáutico o el turístico, y focalizar en ellos los apoyos del gobierno. Debemos definir nuestras prioridades y mantenernos firmes en el logro del objetivo sin importar el partido en el gobierno.
La economía mexicana ha crecido de manera inercial. Aún así, analistas del banco HSBC consideran que en el 2050 México podría ser la octava economía en el mundo. Sin embargo, no podemos ni debemos conformarnos con la inercia; para crecer hay que actuar y exigir las reformas que el país necesita con urgen?cia.
?http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=5515